lunes, 2 de marzo de 2015

fahrenheit 451

No podia dejar pasar la unica novela clasica que hizo el Raymond,
y cuya vision de una urbe del futuro donde la TV resulta todo y la velocidad es el unico imperativo ya la estamos viviendo. 

"Si lo deseaba, podía entretenerse allí, con toda comodidad, y seguir la cacería con sus rápidas fases, carreras por las calles, por las avenidas vacías, atravesando parques y solares, con pausas aquí y allí para dejar paso a la necesaria publicidad comercial, por otros callejones hasta la casa ardiendo de Mr. y Mrs. Black, y así sucesivamente hasta aquella casa en la que él y Faber estaban sentados, bebiendo, en tanto que Sabueso Mecánico olfateaba el último tramo de la pista, silencioso como la propia muerte, hasta detenerse frente a aquella ventana. Entonces, si lo deseaba, Montag podía levantarse, acercarse a la ventana, sin perder de vista el televisor, abrirla, asomarse y verse dramatizado, descrito, analizado. Un drama que podía contemplarse objetivamente, sabiendo que, en otros salones, tenía un tamaño mayor que el natural, a todo color, dimensionalmente perfecto. Y si se mantenía alerta, podría verse, asimismo, un instante antes de perder el sentido, siendo liquidado en beneficio de la multitud de telespectadores que, unos minutos antes, habían sido arrancados de su sueño por la frenética sirena de sus televisores murales para que pudieran presenciar la gran cacería, el espectáculo de un solo hombre. ¿Tendría tiempo para hablar cuando el Sabueso lo asiera, a la vista de diez, veinte o treinta millones de personas?, ¿no podría resumir lo que había sido su vida durante la última semana con una sola frase o una palabra que permaneciera con ellas mucho después de que el Sabueso se hubiese vuelto, sujetándolo con sus mandíbulas de metal, para alejarse en la oscuridad, mientras la cámara permanecía quieta, enfocando al aparato que iría empequeñeciéndose a lo lejos, para ofrecer un final espléndido? ¿Qué podría decir en una sola palabra, en unas pocas palabras, que dejara huella en todos sus rostros y les hiciera despertar?
 —Mire —susurró Faber. 
Del helicóptero surgió algo que no era una máquina. Un animal, algo que no estaba muerto ni vivo, algo que resplandecía con una débil luminosidad verdosa. Permaneció junto a las ruinas humeantes de la casa de Montag y los hombres trajeron el abandonado lanzallamas de éste y lo pusieron bajo el hocico del Sabueso. Se oyó un siseo, un resoplido, un rumor de engranajes. 
Montag meneó la cabeza, se levantó y apuró su bebida. 
—Ya es hora. Lamento de verdad lo que está ocurriendo."


 "Posteriormente, los hombres que estaban con Montag no fueron capaces de decir si en realidad habían visto algo. Quizás un leve resplandor y movimiento en el cielo. Tal vez las bombas estuviesen allí, y los reactores veinte kilómetros, diez kilómetros, dos kilómetros cielo arriba durante un breve instante, como grano arrojado desde lo alto por la enorme mano del sembrador, y las bombas cayeron con espantosa rapidez y, sin embargo con una repentina lentitud, sobre la ciudad que habían dejado atrás. El bombardeo había terminado para todos los fines y propósitos, así que los reactores hubieron localizado su objetivo, puesto sobre aviso a sus apuntadores a ocho mil kilómetros por hora; tan fugaz como el susurro de una guadaña, la guerra había terminado. Una vez soltadas las bombas, ya no hubo nada más. Luego, tres segundos completos, un plazo inmenso en la Historia, antes de que las bombas estallaran, las naves enemigas habían recorrido la mitad del firmamento visible, como balas en las que un salvaje quizá no creyese, porque eran invisibles; sin embargo, el corazón es destrozado de repente, el cuerpo cae despedazado y la sangre se sorprende al verse libre en el aire; el cerebro desparrama sus preciosos recuerdos y muere. Resultaba increíble. Sólo un gesto. Montag vio el aleteo de un gran puño de metal sobre la ciudad, y conocía el aullido de los reactores que le seguirían diciendo, tras de la hazaña: Desintégrate, no dejes piedra sobre piedra, perece. Muere. 
Montag inmovilizó las bombas en el cielo por un breve momento, su mente y sus manos se levantaron desvalidamente hacia ellas. —¡Corred! —gritó a Faber, a Clarisse—. ¡Corred! —a Mildred—. ¡Fuera, marchaos de ahí! 
Pero Clarisse, recordó Montag, había muerto. Y Faber se había marchado; en algún valle profundo de la región, el autobús de las cinco de la madrugada estaba en camino de una desolación a otra. Aunque la desolación aún no había llegado, todavía estaba en el aire, era tan cierta como el hombre parecía hacerla. Antes de que el autobús hubiera recorrido otros cincuenta metros por la autopista, su destino carecería de significado, su punto de salida habría pasado de ser metrópoli a montón de ruinas. Y Mildred... ¡Fuera, corre!
Montag la vio en la habitación de su hotel, durante el medio segundo que quedaba, con las bombas a un metro, un palmo, un centímetro del edificio. La vio inclinada hacia el resplandor de las paredes televisivas desde las que la «familia» hablaba incesantemente con ella, desde donde la familia charlaba y discutía, y pronunciaba su nombre, y le sonreía, y no aludía para nada a la bomba que estaba a un centímetro, después, a medio centímetro, luego, a un cuarto de centímetro del tejado del hotel.
Absorta en la pared, como si en el afán de mirar pudiese encontrar el secreto de su intranquilidad e insomnio. Mildred, inclinada ansiosa, nerviosamente, como para zambullirse, caer en la oscilante inmensidad de color, para ahogarse en su brillante felicidad. 

La primera bomba estalló. 
—¡Mildred! 
Quizá, ¿quién lo sabría nunca? tal vez las estaciones emisoras, con sus chorros de color, de luz y de palabras, fueron las primeras en desaparecer. Montag, cayendo de bruces, hundiéndose, vio o sintió, o imaginó que veía o sentía, cómo las paredes se oscurecían frente al rostro de Millie, oyó el chillido de ella, porque, en la millonésima de segundo que quedaba, ella vio su propio rostro reflejado allí, en un espejo en vez de en una bola de cristal, y era un rostro tan salvajemente vacío, entregado a sí mismo en el salón, sin tocar nada, hambriento y saciándose consigo mismo que, por fin, lo reconoció como el suyo propio y levantó rápidamente la mirada hacia el techo cuando éste y la estructura del hotel se derrumbó sobre ella, arrastrándola con un millón de kilos de ladrillos, de metal, de yeso, de madera, para reunirse con otras personas de las colmenas de más abajo, todos en rápido descenso hacía el sótano, donde finalmente la explosión la libraría de todo a su manera irrazonable. 
Recuerdos. Montag se aferró al suelo. Recuerdo. Chicago. Chicago, hace mucho tiempo, Millie y yo. ¡Allí fue donde nos conocimos! Ahora lo recuerdo. Chicago. Hace mucho tiempo.

La explosión sacudió el aire sobre el río, derribó a los hombres como fichas de dominó, levantó el agua de su cauce, aventó el polvo e hizo que los árboles se inclinaran hacia el sur. Montag, agazapado, haciéndose todo lo pequeño posible, con los ojos muy apretados, los entreabrió por un momento y, en aquel instante, vio la ciudad, en vez de las bombas, en el aire. Habían permutado sus posiciones. Durante otro de esos instantes imposibles, la ciudad se irguió, reconstruida e irreconocible, más alta de lo que nunca había esperado ser, más alta de lo que el hombre la había edificado, erguida sobre pedestales de hormigón triturado y briznas de metal desgarrado, de un millón de colores, con un millón de fenómenos, una puerta donde tendría que haber habido una ventana, un tejado en el sitio de un cimiento, y, después, la ciudad giró sobre sí misma y cayó muerta. 

El sonido de su muerte llegó más tarde."

domingo, 20 de abril de 2014

el mundo sumergido

La segunda novela apocaliptica de Ballard fue acaso la mejor de todas las que compuso. Curiosamente, esta obra siempre me recuerda EL PUENTE SOBRE EL RIO KWAI, puede que por el personaje del coronel Riggs. Es muy sicoanalitica y muy proxima al clima de los cuentos, que, a diferencia de lo que creen los criticos, me resultan mejores que sus textos largos.

 "Pronto haría demasiado calor. Kerans se asomó al balcón del hotel, poco después de las ocho, y observó cómo el sol subía detrás de las matas espesas, las gimnospermas gigantes que se amontonaban sobre los techos de los almacenes abandonados, a cuatrocientos metros de distancia, en el lado oriental de la laguna. El implacable poder del sol atravesaba las frondas tupidas y oliváceas, y los rayos refractados y romos martilleaban el pecho y los hombros desnudos de Kerans, que transpiraba ahora. Kerans se puso un par de lentes oscuros, protegiéndose los ojos. El disco solar no era ya una esfera definida, sino una vasta elipse creciente que se extendía en abanico a lo largo del horizonte oriental, como una colosal bola de fuego, transformando con sus reflejos la superficie plúmbea e inerte de la laguna en un brillante escudo de cobre. Al mediodía, cuatro horas más tarde, el agua parecería un fuego encendido". 

¿quien hizo este universo?

Como Bryce Walton u Howard Fast, Brown escribio a la vez policiales y c.f. Esta, que fue traducida como Universo de locos, de 1949, planteaba de manera aventurosa la existencia de una infinitud de Cosmos paralelos. Keith Winton, el protagonista, pasaba, tras que lo golpeara un rayo, a una USA con visitas extraterrestres cotidianas, una Nueva York cubierta por Oscuridad cada noche y un superheroe adorado por su novia que se le parecia mucho y se llamaba como el.
Novela siempre deleitosa, logra lo que Wells intento pero no siempre pudo conseguir, salvo en LA MAQUINA DEL TIEMPO.

miércoles, 9 de abril de 2014

la nave espacial

Gran cuentista, Aldiss pertenecio a la misma generacion de J G Ballard, pero hizo una c.f. mas clasica. Una nave monstruosa se descompone durante el viaje a otra estrella y queda flotando en medio de la nada. Dentro, los pasillos se llenan de vegetacion de los invernaderos y los astronautas involucionan a un nivel cavernicola, por generaciones y generaciones, cada tribu refugiandose en su sector de la nave (ellos no saben que es una nave, solo lo descubren al final). 
Decadas mas tarde -esta novela es de los 50-el dibujante italiano Paolo Eleuterio Serpieri hizo una version para historieta, DRUUNA, (imagen inferior) mucho mas nihilista, dark -y porno.

domingo, 6 de abril de 2014

soy leyenda

Sus ya varias adaptaciones al cine transformaron a la triste historia de Robert Neville, el ultimo hombre que queda con vida en el mundo, en algo muy conocido. Sin embargo, el Neville de Matheson era diferente de Vincent Price, Charlton Heston o Will Smith, era mas bien un americano medio de pueblito de los 50, y lo rodeaban los zombies -muertos vivos que luego tambien se tornaron famosos en las peliculas de George Romero, todas gigantizaciones de esta historia individual.

"Y comprendió la expresión que reflejaban aquellos rostros: angustia, miedo, horror. Le tenían miedo. Ellos lo veían como un monstruo terrible y desconocido, de una malignidad más odiosa que la de la plaga. Un espectro invisible que como prueba de su existencia sembraba el suelo con los cadáveres desangrados de sus seres queridos. Y Neville los comprendió, y dejó de odiarlos. La mano derecha apretó el paquetito de pildoras. Por lo menos el fin no sería violento, por lo menos no habría una carnicería...
Neville observó a los nuevos habitantes de la tierra. No era uno de ellos. Semejante a los vampiros, era un anatema y un terror oscuro que debían eliminar y destruir. Y de pronto nació la nueva idea, divirtiéndolo, a pesar del dolor.
Tosió carraspeando. Se dio vuelta y se apoyó en la pared mientras se tomaba las pildoras. 

Se cierra el círculo. Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo.
Soy leyenda."

el hombre demolido

Si se mezcla el policial y la c.f., el estilo de John Dos Passos y el humorismo sarcastico, infantil, de caligrafias, se obtiene esta novela, con su heroico detective telepata y su sociedad de temibles espers, quien leen todas las mentes de la humanidad cuando se les ocurre.

"En la inmensidad del universo no hay nada nuevo, nada distinto. Lo que puede parecer excepcional para la mente diminuta del hombre es quizás inevitable para el ojo infinito de Dios. Este instante raro, ese acontecimiento insólito, oportunidades y encuentros..., todo puede repetirse en el planeta de un sol cuya galaxia gira una vez cada doscientos millones de años y que ya ha girado nueve veces.
Hay y ha habido mundos y culturas sin fin, y todos con la orgullosa ilusión de ser únicos en el espacio y el tiempo. Ha habido innumerables hombres con la misma megalomanía; hombres que se creían únicos, irreemplazables, irreproductibles. Habrá más..., infinitamente más. Ésta es la historia de una época semejante, y de un hombre semejante...
El hombre demolido."

fundacion

Esta es una trilogia de los años 50 que proyecto la decadencia del Imperio Romano al Cosmos, con la forma de un Imperio Galactico practicamente infinito. Sin alardes poeticos, un estilo matematico y didactez en todas sus partes, ha sido menospreciada, pero muchos de sus personajes -Hari Seldon, Arcadia, Bayta, el Mulo- y el planeta-ciudad Trantor influyeron en STAR TREK y en STAR WARS sin dudas. 
Aparte, es entretenida.